En mi soledad,
aún guardo tu recuerdo,
vieja amiga de otros tiempos.
A ciertas horas, te recostabas a mi lado,
aparentabas dormir,
pero me buscabas de vez en cuando de reojo.
Cuando te miraba,
levantabas la cabeza
y te quedabas como diciendo:
Pobre hombre, ¿ qué será de ti ?.
Luego, tu cabeza buscaba mi mano,
cerrabas de nuevo por un instante tus ojos,
y terminabas acariciandola con tu lengua.
(Dedicada a mi perrita Yessy)