la virtud unos brazos en cruz,
el pecado una página web.
En Komala comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver.
Cuando en vuelo regular,
pisé el cielo de Madrid,
me esperaba una recién casada
que no se acordaba de mí.
Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel
por mis sueños va ligero de equipaje
sobre un cascarón de nuez
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un liguero de mujer.
Y cómo huir cuando no quedan islas
para naufragar
al país donde los sabios
se retiran del agravio
de buscar labios
que sacan de quicio.
Mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad,
que perdieron las agallas
en un banco de morralla,
que lloran por no llorar.
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