Presionas los pedales con fuerza,
pero éstos parecen negarse a bajar.
Alzas la mirada ... y estás solo.
No encuentras posición.
Te dejas caer en el sillín,
vuelves a hacer palanca con piernas y hombros.
El ritmo de pedaleo sigue decreciendo.
No vas en línea recta,
sino dando ligeros bandazos a los lados.
Sigues hundiéndote, pero sigues pedaleando,
y eso es lo único que importa.
El tiempo va hacia atrás
y las distancias se alargan inexplicablemente.
Ya llegas.
Ves la cumbre ...
Venga ... un poco más ....
PULSAR PARA CONTINUAR
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